Entrevistas

Laura Azcurra: “Hay que entender el poder y la magnitud hermosa que podemos lograr las mujeres organizadas”

La actriz dialogó con radiocantilo.com acerca de su pasión por la música y el baile, su rol dentro del colectivo Actrices Argentinas y cómo es en la intimidad de su hogar.

Laura Azcurra: “Hay que entender el poder y la magnitud hermosa que podemos lograr las mujeres organizadas” - Radio Cantilo

viernes 05 Abr, 2019

La dulzura de su voz y la calidez de sus palabras son inconfundibles. Polifacética, multitarea, vivaz, alegre y amorosa, son algunos de los adjetivos que la definen. Es una persona llena de luz, que tiene muy en claro cuál es su misión en esta vida y se encarga de hacer llegar su mensaje a todo el mundo.

Laura Azcurra es hoy una persona muy diferente a la que conocimos en teatro y en tv hace más de 20 años, dejó atrás a esa adolescente que entraba a la adultez preocupada por lo que piensen los demás, buscando la aprobación de su entorno. “De grande aprendí a decir que no y fue muy interesante, gané muchos otros sí”, puede decir a sus 38 años.

Criada en el ambiente artístico, hija de un director de teatro y una maquilladora, con una hermana mayor bailarina, no le costó mucho elegir el rumbo de su vida. “Nunca me desconecto del arte, porque es algo que amo. Siempre estoy vinculada a ello, me da mucho placer, por eso me defino como obrera del arte. No dejo de estar nutriéndome de él”, aclara.

Por eso su rutina semanal se mezcla entre su espectáculo de flamenco “Salir del Ruedo”, el cual comparte con Mariana Astutti desde hace tres temporadas, y la exitosa obra de teatro “Toc-Toc”, que ya lleva nueve temporadas ininterrumpidas en cartelera.

De grande aprendí a decir que no y fue muy interesante, gané muchos otros sí
 

Su pasión por el baile y la sangre española que corre por sus venas la llevaron a bailar flamenco arriba de un escenario, algo que deja explícito que disfruta – y mucho-.

El flamenco ha sido siempre para mí como un misterio que nos queda tan lejos al mismo tiempo. Por más que corra sangre española en nuestras venas, el flamenco siempre ha sido una situación autóctona de un lugar muy lejano. Entonces para mí significó una búsqueda de mucho tiempo. Fui una ortodoxa del flamenco durante casi 18 años y después empecé a fusionar y buscar otras cosas. Ahí encontré la danza contemporánea que me permitió trabajar ciertas estructuras y técnicas para romper con todo lo folclórico y tradicional que tenía aprendido”, explica, al tiempo que agrega “realmente fue un permiso muy fuerte y hermoso haber logrado este material. Tiene que ver con una revisión de cómo dos chicas de Buenos Aires sienten e interpretan el flamenco andaluz”.

En esa interpretación que menciona Laura es donde se puede apreciar su toque personal. A diferencia del flamenco tradicional, “Salir del Ruedo” es una obra con muy poca interacción de diálogo entre las actrices y mucha música. Aunque no en la forma que se conoce, aquí no hay banda en vivo ni vestimentas a lunares, el sonido proviene del movimiento corporal de las actrices en escena que bailan con chalecos y pantalones de cuero argentino, en lo que se vuelve una “ruptura antiflamenca”, como ella misma lo define.

“En un pasaje del show hago un solo en el que interpreto el Himno Nacional argentino en una versión que arreglé, y que un pianista hizo a pedido. Si pensamos que el himno es un compás de cuatro que viene de España, paradójicamente, entonces es como abrazar nuestra identidad y entender que por más que seamos independientes y autónomos, venimos de ahí también. Aceptar de dónde venimos es una forma de identidad”, afirma.

 

Hace poco más de un año, Laura se juntó con diferentes colegas para activar el gen de lo que luego se transformaría en el colectivo Actrices Argentinas, desde donde reclamaron por el aborto legal, seguro y gratuito, pero también levantaron la voz por aquellas mujeres oprimidas, víctimas de violencia de género, que buscan un nuevo paradigma que termine con la sociedad patriarcal en la que vivimos.

Actrices Argentinas

Desde entonces reconoce que se encontró con mucho apoyo, amor y agradecimiento por parte de los colegas masculinos. “Los compañeros están muy agradecidos por lo que estamos haciendo, porque ellos también son víctimas del patriarcado. Se les ha exigido ser de una manera y aparentar ser de otra, no mostrarse vulnerables ni ser afectivo o emocionales. También es un alivio para los hombres entender que este movimiento de mujeres contempla que las mujeres estamos tratando de igualarnos con en un montón de aspectos del género masculino, pero también entendemos que muchos de los hombres y el género masculino han sido víctimas y fueron educados en un sistema patriarcal”.

Y agrega: “nosotras también, estamos reviendo permanentemente nuestros dichos, palabras y acciones. Este es el momento y por eso incomoda tanto. Estamos necesitando un cambio de paradigma total. Pero en lo chiquito, cada uno tiene que hacer una revisión muy profunda de uno mismo. Esto es permanente, no es que ‘reveo algunas cosas y sigo la vida’. Nada queda fijo, no hay un lugar de llegada. Es una situación de incomodidad que siempre sucede cuando vamos a emprender algo nuevo”.

La sociedad se construyó bajo los términos impuestos por la Iglesia, una institución que nos hizo creer que para ser feliz debíamos elegir una pareja heterosexual para casarnos y tener hijos de forma biológica. Crecimos con esa idea, mientras aquellos que no se sentían identificados con esto quedaron excluidos de la sociedad.

Todos los que estaban fuera de ese formato quedaron discriminados, fueron torturados, incluso muertos. Siguen persiguiendo y matando a homosexuales, persiguiendo a gente trans en 2019 en todo el mundo. Este cambio de paradigma nos tiene que conectar con esta autenticidad y quienes somos realmente, qué humanidad estamos planteando para más adelante. Porque ya no nos sirven las formas, creencias y modelos que durante muchos años sostuvimos y, en opresión, aceptamos”, aclara la actriz. Y remarca que “esto es lo interesante y lo nuevo por construir, y cómo no sabemos de qué modo se construye, da miedo. Ahí aparecen los juicios internos y creo que tenemos que ser muy amorosos en este momento. Es lo que todo el tiempo estoy hablando y transmitiendo. El feminismo no es lo contrario al machismo, sino que es contemplar la equidad e inclusión entre todos los géneros”.

El empoderamiento femenino es, tal vez, el movimiento más importante de la actualidad. Las mujeres de todo el mundo comenzaron a unirse para hacerse escuchar de una vez por todas y comenzaron a sembrar la semilla del cambio en la sociedad. Por eso, Azcurra considera que la unión y organización es la clave para el futuro: “durante tantos años la bajada de línea fue ‘divide y reinarás’, entonces estamos haciendo todo lo contrario, y eso es lo que da miedo. Pero no es para tener miedo, sino para entender el poder y la magnitud hermosa que podemos lograr las mujeres organizadas. De eso habla el movimiento de mujeres. Decisión y unión. Hay que aceptar que venimos de siglos de opresión, poder expresar el enojo también forma parte de la  sanación. Banquenos un poco si nos ponemos vehementes en este tema, pero corresponde y es parte también que el género masculino nos pueda abrazar y decir perdóname, yo te traté mal porque me enseñaron que era así y ahora estoy equivocade. Entonces está buenísimo que eso pase: pedir disculpas, entender que se puede modificar los hábitos. Nada está fijo, la vida es movimiento. Un árbol crece y todos los días está diferente. Entonces, ¿cómo podemos pensar que podemos quedarnos fijos en una idea? Eso tiene que ver con entendimiento, diálogo y escucha. Es un momento para eso”.

A pesar de su atareada agenda de trabajo, sumado a la crianza de su hijo de 12 años, Laura se encarga de hacerse el momento para disfrutar de otras dos de sus grandes pasiones: escuchar música y dedicarle tiempo al cuidado de sus plantas.

Disfruto mucho del jazz de antaño”, dice. “Miles Davies, por ejemplo, pero también me gustan mucho las mujeres como Sarah Vaughan y Ella Fitzgerald, es decir las grandes mujeres del jazz. Es lo que más me relaja y conecta.”. La Bossa es otros de sus géneros preferidos, al que se acercó por su percusión y raíz sonora jazzera.

Me gusta la música con alma, por eso la música electrónica me cuesta.  Ni hablar de la cumbia y el reggaetón, no puedo entrar en esa monotonía. Además por lo que dicen sus canciones, no en todos los casos, pero suelen ser bastante cosificadoras. No puedo entrar en empatía con ella, ni siquiera una noche de joda”, remarca con énfasis.

La ecología, otras de las pasiones de Laura (lauraazcurra.com)

Su terraza verde es el otro lugar en el que consigue aislarse del mundo. Trabajando en sus plantas muchas veces, incluso, en el silencio absoluto, logra relajarse. “Siempre me gustó y me interesó la magia de la tierra. Cómo el hecho que de una semilla puede crecer un algo y eso te puede dar frutos, mientras trabaja y hace la fotosíntesis, que es algo tan vital y necesario para nuestro planeta en este momento”, desliza.

En una época en la que los cambios climáticos son más que notorios, con temperaturas extremas, fuertes tormentas cada vez más frecuentes y modificaciones preocupantes en los diferentes ecosistemas de todo el planeta, la actriz alza se encarga de transmitir la importancia que tiene el cuidado de la ecología.

“Yo sé que mi discurso puede sonar edulcorado, pero realmente esa es otra de las problemáticas que siempre me interesaron desde chica y en lo que hoy por hoy me pongo medio evangelista con esto. No te digo que tengas la compostera en casa como tengo yo en mi terraza, pero todos somos responsables de lo que consumimos, de qué forma y qué hacemos con eso. Dónde lo tiramos, todo en una misma bolsa o te tomas los cinco minutos para separar el plástico de los vidrios y lo orgánico. Ese es un pequeño cambio de conciencia y de hábito en el que ya nadie puede hacerse el boludo. Estamos en un momento en el que no podemos seguir señalando con el dedo a nadie, porque en la medida en que no seamos responsables de nuestras propias cosas como nuestra basura, cualquier cosa que diga el otro pierde credibilidad”, dice sin que le tiemble el pulso.

Aunque reconoce que su preocupación radica en el hecho de saber qué planeta le quedará a las generaciones que vienen: “quizás me agarre con más énfasis porque soy madre de un chico de 12 años, porque tengo sobrinas y porque realmente me preocupa en qué va a quedar de esto para ellos. Yo recuerdo que hasta no hace mucho había cuatro estaciones y ya no están más. Ese cambio de conciencia debería estar muy puntualizado en nuestra generación, es un cambio de hábito que debemos incorporar”.

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