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Jueves de cuentos: Ismael sangraba

Esta vez le tocó a Roberto Fontanarrosa. Entrá a la nota y escuchá el cuento de este jueves en Hagan Correr La Voz.

Jueves de cuentos: Ismael sangraba - Radio Cantilo

jueves 04 Abr, 2019

“Claro, son cosas que uno a veces se resiste a creerlas, ¿no es cierto?, cosas muy raras, pero yo le creo, por supuesto, no vaya a creer que yo no le creo. Y le creo, fíjese, porque a mí también me han pasado, ¿cómo no? Cuando usted me contaba de este muchacho yo me acordaba de lo que me pasó una vez, hace de esto ya mucho. Se lo voy a contar justamente porque sé que usted no se va a reír, o va a pensar que soy un macaneador, ¿no es cierto? Yo vivía, de esto le estoy hablando de hace unos 25 años atrás, mire lo que le digo, no es pavada, yo vivía en una pensión de calle 3 de Febrero, entre España y Presidente Roca, por ahí. Una casa muy vieja ya en ese entonces, creo que la tiraron abajo, y yo vivía con otros muchachos, y para esa época estudiaba con dos amigos, uno, el Chato Hernández, no sé si lo ubica, que después largó todo y puso un negocio de pieles o algo así, y otro, el negro Arrietta, que murió hace poco, pobrecito. El Vasquito me acuerdo que le decíamos. A veces solía venir también Lencina, el Coco Lencina, uno que usted debe haber conocido que siempre iba al café de Córdoba y Paraguay, ya de grande, uno grandote, morocho… bueno, no importa, no viene al caso. Y bueno, una noche creo que estábamos estudiando para rendir Infecciosas, creo que nos quedamos sin cigarrillos. Era ya tarde y en pleno invierno.

Además, en esos tiempos, ninguno de nosotros tenía un peso en el bolsillo, no es como ahora ¿vio?, que cualquier purrete anda con dos mil o tres mil pesos en el bolsillo. Nosotros, estudiantes, algunos de afuera para colmo, estábamos secos, como quien dice. Y bueno, nos agarró la desesperación de pitar. Claro. En la pieza de al lado me acuerdo que vivía una vieja, que era una vieja muy jodida, una vieja de ésas de mal talante, a pesar de que a veces nos prestaba yerba o jabón, pero casi siempre nos andaba retando o quejándose a la dueña de la pensión, doña Amelia, me acuerdo. Después, más allá, vivía un matrimonio que el tipo era de la policía y a la noche estaba casi siempre de servicio. Fumaba, pero estaba de servicio. Más atrás, ya en el otro patio, vivía una mujer grande, paraguaya que planchaba para afuera, y vivía sola con un chiquito muy chiquito. Ahora bien, en el altillo, en el altillo vivía un señor, un señor grande, no muy grande, pero grande, cuarentón, le diría, que lo único que sabíamos era que se llamaba Ismael, don Ismael, porque nos lo había dicho doña Amelia”.

Si querés escuchar el relato completo en la voz del Gallo Bluguermann, poné play y disfrutalo.

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