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¡A la aplanadora del rock and roll, salud!

Entre fallas técnicas y un repaso por los 30 años de su carrera, Dividos volvió a explotar el Microestadio Atenas de La Plata con entradas agotadas.

¡A la aplanadora del rock and roll, salud! - Radio Cantilo

domingo 14 Abr, 2019

En 2016 Ricardo Mollo se incorporó a la lista de artistas argentinos que interpretaron de manera superlativa el Himno Nacional Argentino. Sucedió en Mendoza en conjunto con la Orquesta Filarmónica local, diferenciándose así de las versiones de Charly García con el piano o de Andrés Ciro Martínez con la armónica.

 

 

Por su parte, Divididos siempre se caracterizó por incluir en su vasta obra infinidad de frases, costumbres y raíces argentinas. De ahí su decisión de interpelar al público y dar inicio a la serie de shows que vienen presentando en la gira ¡30 años haciendo cosas raras! con esa composición del guitarrista. Y la gente, respondió con cantos y pogos. Made in Argentina.

 

Los problemas técnicos se presentaron desde el arranque. De hecho, el mismo se atrasó porque uno de los equipos de Diego Arnedo, esa pared de graves que suele rebotar sin perdón en los cuerpos de cualquiera que se acomode cerca, no arrancaba. Después del puntapié inicial con “Sobrio a las piñas”, “La ñapi de mamá” y “Haciendo Cosas Raras”, se acomodaron los casilleros. Estaba todo dado para que la aplanadora del rock and roll vuelva a ensordecer al público platense.

 

Sin embargo las dificultades continuaron y en “Mantecoso”, Mollo cortó la cuarta cuerda de su Gibson SG. Para el alivio del que alguna vez se acerque a un recital de Divididos, la dupla Ricardo-Arnedo lleva 40 años arriba de los escenarios y la experiencia hace anécdota para este tipo de situaciones. “Siempre hay que remarla, papá”, dijo entre risas el vocalista.

 

 

Siguieron “Elefantes en Europa”, “Narigón del Siglo” y “Capo Capón”, hasta que volvió a fallar una de las cajas que alimentaba el sonido. A partir de ahí, Arnedo se empezó a molestar, pero otra de las claves de los shows del trío es el humor. “40 años fumándome a este”, gritó Mollo mientras hacía señas y señalaba al hombre que hoy se destaca como uno de los mejores bajistas de la escena nacional en actividad. 

 

Un detalle a destacar que no puede ser aludido fue la reacción del público contra diversos sectores políticos que hoy definen el futuro del país. Y también ese espacio que Divididos siempre destacó para su gente: la militancia de la autonomía. “Ojalá que en los hospitales ocurra esto, que no sea una situación ilegal. Cada uno puede tener su perfil, pero muchachos… libertad sobre todo”, manifestó el vocalista después de que el recinto cante a los gritos “aborto legal en el hospital”.

 

Llegó el esperado intervalo unplugged que sirve en bandeja los hits radiales. Uno tras otro: “Sisters”, “Spaghetti del Rock” y el folklore “Huelga de Amores”. Un clásico. Posteriormente, sonó el primer solo de batería de Catriel Ciavarella, una fusión heavy que desembocó en una versión alucinante de “El Arriero”. “Bendito sea Atahualpa Yupanqui”, sentenció el guitarrista.

 

Los decibeles empezaron a subir y a lo hendrix detonaron con una seguidilla de temas arrolladores. “Sucio y desprolijo”, “Paisano de Hurlingham” y “Rock and Roll de Rasputín” aplastaron cabezas. “Nos excedimos en el número de canciones y no queremos aburrir, ¿seguimos?”, motivó Mollo. Y el público accedió al unísono.

 

Cerca del final, Ricardo Mollo recibió un pañuelo que imprime la lucha de las organizaciones contra los fuegos artificiales que lastiman a los animales. Al respecto, manifestó que “en una época donde existen los colores y no deben haber confusiones, no tiren cohetes. Cuidemos a los animalitos”.

 

“Amapola del 66” marcó el inicio del epílogo con la fuerza, conciencia y memoria que reflejan las letras de Divididos. Pegado, casi sin respetar y unido por un puente de cuelgue zeppeliano, “El 38” hizo saltar a todos, sin distinción. La fiesta se aseguró.

 

Teniendo en cuenta las edades de Ricardo Mollo (61) y Diego Arnedo (65), es inevitable la comparación con estrellas internacionales del calibre de Robert Plant de Led Zeppelin o Steven Taylor de Aerosmith, que a pesar de los años se mantienen vigentes y desafían al tiempo. La calidad de sus performances es excelente. La aplanadora del rock and roll está intacta, y lo seguirá estando.

 

Como es costumbre, el cierre brindó un asiduo homenaje a Sumo -en el medio, Mollo también recibió una remera con la foto de Luca Prodan, que colocó arriba de sus equipos- y sonaron, casi sin respiro, “Mejor no hablar de ciertas cosas”, “Crua Chan” y “Nextweek”. “Chau, muchas gracias, nos volvemos a ver el próximo 7 de Septiembre”. Sí, el power-trío confirmó una nueva visita a la ciudad de las diagonales. 

 

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