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A 100 años de la “Ley Seca”, una legislación que le abrió la puerta al crimen organizado

Paradójicamente la iniciativa impulsada por un grupo de mujeres religiosas dio paso a una oleada de violencia y contrabando que transformó para siempre la sociedad estadounidense. Acá repasamos su historia.

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A 100 años de la “Ley Seca”, una legislación que le abrió la puerta al crimen organizado - Radio Cantilo

martes 21 Abr, 2020

Todo comenzó durante la navidad de 1873, momento en el que el doctor Dio Lewis miembro partidario de la Templanza y ferviente defensor de los derechos de la mujer dio una arenga a las ciudadanas de Hillsboro (Ohio), para que convenzan a sus maridos que dejen de beber alcohol. De hecho, esa misma noche acudieron a los “Saloons” entre cánticos y plegarias para exigir que cerrasen sus puertas.

Apenas unos meses después, en 1874 se fundó la Unión Cristiana de Muejres por la Templanza (WCTU), liderada al poco tiempo por una maestra y periodista llamada Frances Willard, definida como una “reformista partidaria de los derechos de la mujer y de la jornada laboral de ocho horas”, se convirtió en la mujer más famosa de Estados Unidos hacia finales del siglo XIX.

Considerada la organización feminista más antigua del mundo, alcanzó un poder extraordinario, recibía apoyos desde Thomas Edison, el más famoso inventor de la historia, que realizó para ellas 102 películas denunciando los males del alcohol, hasta el Ku-Klux-Klan –las Mujeres Cristianas por la Templanza no admitían negras, vale aclarar-.

Pero sobre todo formaron un lobby determinante de las elecciones en EEUU, ya que disponían de muchos fondos con los que financiaban campañas electorales de candidatos que, a cambio, se comprometían a apoyar la Ley Seca. En pocos años, desde los ayuntamientos de los pueblos al Congreso, la mayoría de los electos estaban comprometidos con el prohibicionismo, hasta imponer la XVIII Enmienda a la Constitución prohibiendo la fabricación, importación y comercio de alcohol.

Andrew J. Volstead, senador republicano por Minnesota, promovió el Acta de Prohibición, la ley que implementó la 18° enmienda a la Constitución. De esta manera, para 1919 el movimiento por la templanza logró que se ratificara dicha enmienda a la Constitución de Estados Unidos, que prohibía la manufactura, la venta y el transporte de bebidas alcohólicas.

En 1920, la prohibición supuso la abolición radical de todo tipo de alcohol (cerveza, vino, destilados de alta graduación…), con ciertas excepciones, como el vino litúrgico de curas católicos y rabinos judíos.

La ley entró en vigencia a partir del 17 de enero de 1920, aunque su objetivo era promover la vida sana, el trabajo y la familia, su efecto fue completamente antagónico, ya que se transformó en el hito de la estupidez política. ¿Por qué? Simplemente por el hecho de haber dado paso a una de las eras más oscuras de la sociedad estadounidense. Desde su implementación y hasta el 6 de diciembre de 1933, proliferó la corrupción, los asesinatos, robos y todo aquello que pueda relacionarse con el crimen organizado.

Mientras el gobierno se esforzaba por destruir las bebidas alcohólicas y hacer alarde de ello, de la mano de una campaña propagandística que mostraba a una sociedad libre de alcohol, la mafia copó las calles del país (con epicentro en la ciudad de Chicago, por su cercanía con la frontera de Canadá y la posibilidad del contrabando).

Así apareció el crimen organizado, y los llamados gangsters. Al Capone, por ejemplo, ganaba 60 millones de dólares al año -mientras el Estado perdía los 500 millones del impuesto sobre el alcohol-, lo que le daba la posibilidad de sobornar y comprar a cuanto policía, juez o político quisiera, extendiéndose la corrupción como una plaga por todos los Estados Unidos.

En esta era se multiplicaron los bares clandestinos, aunque para acceder a ellos hacía falta tener una tarjeta de membrecía o conocer cuál era la contraseña para acceder. Asimismo se incrementó la producción ilegal de licor (que en muchas zonas rurales del país contaba con una larga tradición, ya que permitía a los granjeros hacer dinero a espaldas del fisco destilando los excedentes de la cosecha) y se pusieron en marcha ingeniosos sistemas para fabricar bebidas alcohólicas en casa.

Como resultado, durante aquellos años murieron más de 10 mil personas envenenadas tan solo por beber alcohol clandestino de pésima calidad, lo cual refleja que la iniciativa política no solo había puesto en marcha la rueda del crimen, sino también que mataba a los propios ciudadanos que buscaban poder beber.

 

Al “Scarface” Capone, el nombre de la mafia

Nació en el barrio de Brooklyn, Nueva York. Era hijo de inmigrantes italianos, su padre era barbero y su madre costurera. Aunque el pequeño Aphonse Gabriel Capone Pecino decidió comenzar su carrera en el crimen organizado desde muy pequeño, cuando apenas tenía 14 años.

Un día, mientras dispensaba caramelos en una bolera conoció a Johnny Torrio, quien se convertiría en su mentor y el modelo de rol que el joven Al decidiría copiar. Rápidamente abandonó la escuela cuando estaba en quinto grado y se unió a trabajar en la banda juvenil “Five Points Gang”.

A sus 20 años viajó a Chicago junto con Torrio para trabajar bajo las órden es de “Big Jim” Colosimo, quien sería asesinado poco tiempo después (probablemente a manos del propio Capone, aunque nunca se supo fehacientemente quién acabó con su vida). Sin Colosimo en el mapa, Torrio lo ubicó al frente de la dirección de la organización de la banda, dedicada a la explotación de la prostitución, el juego ilegal y, por encima de todo, el tráfico de alcohol.

Convertido en creador, dueño y señor del “Sindicato del Crimen” sería sin lugar a dudas el crimen de “la matanza de San Valentín”, cometido en 1929, el que haría de Capone una auténtica leyenda. Tras el cruento crimen, su nombre generaría un terror y respeto ilimitado en los bajos fondos del país.

 

El apodo de “Scarface” lo recibía por una cicatriz que tenía en su rostro, provocada por un corte de navaja. Este apodo sería explotado principalmente en el mundo del cine, que para la década del ’30 combinaban una inconcreta crítica social y el espectáculo de aventuras protagonizado por antihéroes.

Los nuevos films suponían una ruptura chocante: guiones duros, actuaciones agresivas y escenas de gran violencia, todas situadas en Chicago, con el trasfondo de la carrera de Capone y sus enemigos irlandeses. Los éxitos fueron Hampa dorada (Little Caesar, 1931), con Edward G. Robinson como el brutal italiano Rico Bandello, The Public Enemy  (1931), con James Cagney como el sociópata irlandés Tom Powers, y Scarface, El terror del hampa (1933), con Paul Muni como el feroz Tony Camonte.

En 1931 es enviado a una prisión de Atlanta, aunque no por los motivos que podríamos imaginar. En lugar de ser enviado allí por ser el líder de una de las mayores organizaciones criminales de todos los tiempos, fue encerrado por evasión impositiva. Aunque ninguna reja podía con él en ese entonces, dado que Capone se las ingeniaba para seguir al frente de sus muchachos desde el encierro.

Por este motivo es enviado en 1934 a la prisión de Alcatraz, aunque sería el principio del fin de su reinado. Un año antes había entrado en vigencia la revocación de la Ley Seca, haciendo que su confinamiento lo relegaran en el olvido.

Fue liberado el 26 de noviembre de 1939, aunque lo hace con un estado de salud deplorable. Cuando es liberado este criminal dependía económicamente de sus hermanos y estaba con demencia senil. Ocho años después en su bañera, sufriría un derrame cerebral y fallecería días después producto de una neumonía.

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